segunda-feira, setembro 23, 2013

Deus sive natura: El deseo metalico

- Presentación de la sustancia.

 La Ética afecta, el mundo afecta.
• La liberación de la servidumbre desde la perspectiva de la eternidad.
• Afirmación de la metrópolis.

 La sociedad civil o el estado: la comunidad.

 El conocimiento
• La idea y la imagen
• La idea verdadera
• Relación vertical y relación horizontal
• La proporción áurea

 Cuerpo-alma en Spinoza.
• Placer noético e identificación
• “Quien aumenta su saber, aumenta su dolor”
• Lo que puede un cuerpo
• Naturaleza metálica. La posibilidad de la metafísica.


 Capitalismo, un modo de relación
• La perseverancia del capital y del trabajo
• El dinero líquido
• La lógica del capital y el movimiento finito

- Las ridículas relaciones interpersonales
.
- ¡Salve Marco Aurelio! ¿O prefieres que te llame Catilio Severo?
En la noche oscura y fresca se desparraman los atributos de la sustancia sobre las atalayas.
- Quo vadis? – Tras un breve silencio, desinteresado ante la presencia que afecta, sin apenas fijarle la mirada al visitante, ensimismado en su pensamiento melancólico sobre la Providencia rectora, vuelve el romano a preguntar - ¿Cómo has conseguido presentarte ante mí sin que haya sido avisado?
No es que dentro de la noche fresca se realice la sustancia, sino más bien que la noche oscura es en la sustancia, en la Totalidad. Tiene que ser ella misma su propia causa, dado que el ser se impone en su propio conocimiento, en su proceso de desarrollo, e intuye la presencia de Dios, porque de la nada no puede proceder nada . Los modos del pensamiento y de la extensión no pueden quedarse en la nada, y esa consideración podría perturbar la paz del estoico, mucho más incluso que la mera presencia de la visita inesperada.
- En ti se realizó el sueño platónico del rey filósofo; en ti, la Pax Romana llegó a su esplendido fin. Aquí y ahora solo me quedé un rato contigo si te apetece el juego de las diversas determinaciones, esto es, moverte entre los afectos que te determinaron y tu propia determinación que te determinó (expresión de la potencia de Dios).
Por primera vez Marco Aurelio escudriña la mirada buscando los ojos de su interlocutor en cierto modo sorprendido por las extrañas palabras. Pero no consigue vérselos; la noche es cerrada, aun la luna luciendo llena entre las brumas . Se vuelve despacio, y continúa mirando a las montañas en la misma posición meditativa que sostenía antes de la llegada de la presencia.
- Ese juego del que hablas aún me es extraño. Si quieres cubrirme de vergüenza, no lo conseguirás. Me he prevenido contra el encuentro con un entrometido, un mal agradecido, un insolente. No obstante es contra la naturaleza irritarse (II, 1)- Más que dirigirse al visitante, el emperador parecía absorto en sus divagaciones- Por otra parte, Séneca justificaba que el sabio se encolerizara dada la estupidez y maldad de los seres humanos.
El silencio se hace, la reflexión infunde su voluntad de poder y los cuerpos se impregnan de la divinidad. Es palpable que la finitud humana anda desvanecida y no será bienvenida a la velada. Tras unos largos minutos, el César se gira e impertérrito ordena:
- Ahora, justifica tu presencia.
- Tú mismo previniste del encuentro con un astuto, un envidioso, un avaro, y sin embargo, no te has prevenido contra mí. Presentiste que hemos nacido para la acción conjunta, y ahora, solo en la atalaya, contemplaste, desde lo más alto, rebaños a millares, ritos a millares, barcos de todos los géneros en las calmas y las tempestades, diversidad de personas naciendo, conviviendo, desapareciendo .
- Realmente eres como el eco de mis pensamientos, y tus palabras consiguen embriagar mi alma…Dime quién eres, tú que consigues que mi razón no domine la emoción.
- Soy el proceso de transformación en el cual tu alma fue reasumida en tu razón generatriz, la razón generatriz del conjunto. Vengo a ti porque anhelas juntarte a mí, me esperas pacientemente en la desintegración natural . Pero justo es que sepas que una emoción solo se supera con otra emoción mayor.
- Debería entonces preguntarte qué eres, en vez de quién eres. Pero ¿Desde cuándo nos ha interesado a los romanos el qué? Siempre hemos preferido el cómo, hemos hecho útil la luxuria de los griegos, y con ello, sin saberlo, nos hemos ido alejando de la tradición que hemos creado, aquello desde donde venimos y con lo que queríamos unirnos, efectivamente la naturaleza del conjunto.-Tras una pausa, Marco Aurelio ya se siente confortable con la compañía, pero no hasta el punto de que se le olvide quién o qué es realmente esta presencia.- ¿Qué es eso en ti mismo según tu peculiar constitución? ¿Cuál es tu sustancia y materia? ¿Y cuál tu causa?
- Lo que es en mí mismo según mi peculiar constitución es el perseverar en mi ser, como modo de los atributos de la sustancia. Sustancia, solo hay una para ti, para mí, y para todos, una única sustancia infinita es la única realidad que existe; la materia es solo un modo del atributo de la extensión, y el alma es solo un modo del atributo del pensamiento. La sustancia, en cuanto todo (totalidad), no es divisible. El mundo material infinito es un solo cuerpo, donde todo está conectado, donde no hay vacio, donde toda naturaleza es un solo cuerpo. Respecto a mi causa, soy causa sui…
Marco Aurelio se da media vuelta de nuevo, dándole la espalda a la presencia y respirando hondo el aire renovado que surca los cerros colindantes a su fortaleza. La luna aparece por momentos, algunas estrellas también, y el momento de meditación se acerca al éxtasis, aquel momento al que nada se le puede quitar ni nada se le puede añadir.
Un moderno estoico
En calidad de meta suprema del itinerario filosófico, predicó la visión de las cosas sub specie aeternitatis, visión capaz de liberarnos de las pasiones y de brindarnos un estado superior de paz y de tranquilidad. La paz, la tranquilidad y la serenidad —según nos comunican de forma unánime sus contemporáneos— fueron la clave de toda la existencia de Spinoza. El sello mismo que eligió para sus cartas es muy significativo: una rosa que encima lleva la inscripción caute, al igual que el sentido de su filosofía: el puro comprender, distanciado, despojado de toda turbación y de toda pasión .


Ética. Spinoza. Traducción de Tomaz Tadeu, 2 Edición. Autentica Editora

1. La Ética afecta, el mundo afecta.
Los antiguos griegos consideraban que la coherencia entre la doctrina y la vida de un filósofo era la prueba más significativa de la credibilidad de un mensaje espiritual, y los filósofos griegos mostraron ejemplos admirables de tal coherencia. Spinoza cumplió plenamente con los ideales de los antiguos: su metafísica se halla en perfecta consonancia con su vida.
Éticas se han escrito muchas, y posiblemente la concordancia se haya dado entre lo que se escribe y lo que se vive, como en el caso de Diógenes el perro, o en otros casos la propia vida se haya resignado a la propia contradicción de la voluntad moral del hombre, como pueda ser el caso de Séneca. Aquí se trata una Ética que si por un lado, se acerca en coherencia a la de aquel que quiso vivir en un tonel, por el otro, se aleja del griego cínico al mezclarse de lleno en la vida social, política y religiosa de su tiempo. En este aspecto, Spinoza se muestra un hombre que vive entre los hombres, y se muestra tanto desde sus propuestas filosóficas como por su sobresaliente en la desobediencia civil, desde su propia ética personal con la que salió victorioso ante los gigantes molinos de viento que suelen tentar al individuo con la imaginación y los afectos pasivos que, a su vez, llevan al padecimiento del animal. La tiranía religiosa y la política se fundan en el miedo y la esperanza irracionales, alimentándolos con nuestra ignorancia sobre la verdad de Dios, de la Naturaleza y de nosotros mismos. La filosofía y la vida de Spinoza, dada su independencia y autonomía encomiable, debiera servir de, si no verdadero por sí mismo, al menos ejemplo de verdadero conocimiento de la verdad.
¿Es una idea adecuada envolverse con Spinoza, dejarse afectar por Spinoza en nuestra contemporaneidad? Debía advertirse que la Ética afecta sobremanera al alma actual, o lo que quede de ella, incentivándola a desnudarse a sí misma junto a sus afectos en pro de la verdad. Ya no es el poder de un alma o de un espíritu ideal o platónico, y sí un espíritu tan metálico como el que se ha proyectado con la acción continua de la raza, el que puede entenderse a sí mismo desde su libertad, misión esta que se antoja cada vez más difícil en un mundo burocrático de instituciones que parecen volverse por momentos contra el individuo, como si de un proceso kafkiano se tratara, mundo telemático que no se sabe si une a las personas separadas por kilómetros de distancia o acaba con el contacto vital del cotidiano de los individuos unos con los otros, al dispersarlos bajo la forma de un progreso que bien que pudiera acabar aplastando al mismo hombre. El desnudo de este espíritu metálico se lleva a cabo tras la afección inmanente y determinante en la causa del objeto que le quema entre las manos, Spinoza, y se confronta con las afecciones contemporáneas venidas, principalmente desde la cotidianeidad, desde el día a día, servidas junto a grandes dosis de entretenimientos y desde el exceso de información, quizás ya también cotidiano, de un mundo global, al que por veces parece que le falta un tornillo y no hay mecánico que lo arregle. Esta afección solo visa a la emancipación del padecimiento de un ser afectivo, cuyo libro que estudia le arde, hasta el punto de reconocer en la escritura, aunque sea de oídas, suficiente modo de percepción adquirida como para intuir la causa verdadera y potentísima que afecta a esta alma del siglo XVII, la que deja su vida junto a sus ideas, adecuadas e inadecuadas, impresas en el papel.
Spinoza no desconsideraría los avances científicos del ser humano, y mucho hemos entendido desde entonces. Por ceñirnos ya al siglo XX, el principio de la relatividad, junto al descubrimiento del átomo, la física cuántica y la diversidad de teorías actuales, son ejemplos de encuentros en el entendimiento matemático y físico del mundo, que abren infinitos caminos con los que los científicos comienzan a mostrar realidades que, a priori, parecían irreales, pero que no lo son; la curiosidad se encuentra en que no podamos tener de ellas la misma experiencia que sí que tenemos de las leyes de la gravedad, por ejemplo. Se ve en este ámbito que la realidad es dinámica, y este conocimiento implica su propia adaptación a los usuales esquemas rígidos en los que los humanos se suelen determinar, casi siempre de forma inmutable y con leyes fijas y eternas. En el XXI, la realidad humana que la ciencia puede mostrarnos es muy liquida, en sus extensiones tanto físicas como políticas; esta suposición se inserta en el tipo de afecciones que un ciudadano cualquiera pueda tener a diario. He escuchado decir que uno del siglo XXI, en un dia puede tener acceso a tantas nuevas informaciones cuanto otro ciudadano del siglo XVII en toda su vida. El mundo, resumiendo, se mueve al ritmo de las ciencias, y la realidad se manifiesta en realidades temporales, donde la expresión de la totalidad se va desplegando según la norma de verdad que nos van mostrando las matemáticas.
• La liberación de la servidumbre desde la perspectiva de la eternidad
Según se entiende a Spinoza, la ciencia, la técnica, el mundo, los humanos, todo, se sigue de Dios. Pero de las infinitas cosas que se siguen de Dios, solo le interesa “las relativas al conocimiento del alma humana y de su suprema felicidad”. Nos interesan los modos finitos, tanto los de la extensión, los cuerpos, como los del pensamiento, las ideas y los seres pensantes. Solo en ellos se producen los afectos (¿un perro es afectado?) Todos son expresiones inmanentes de la sustancia, en caso contrario la limitarían, siendo el ser de los modos su ser divino, por lo que solo serán libres y felices si actúan únicamente según su naturaleza divina.
Parece ser la intención de Spinoza, desde un modelo matemático montar un esquema ético que sirva de luz para los hombres. Estas palabras dejan una especie de catecismo para ser feliz, una moralidad de la utilidad racional, donde “todo lo que es precioso es tan difícil como raro” , mas es causa de un auténtico hombre libre. No obstante, la volatilidad de los hombres parece alejarse de las leyes rígidas matemáticas que encuentran los humanos en su propia naturaleza, o incluso de las demostraciones de las proposiciones afectivas de Spinoza; tal volatilidad no es más que una manera de actuar movida por los afectos que están referidos a las pasiones provenientes de imágenes que se forman en nosotros gracias a la acción de las cosas exteriores en nosotros, produciendo una opinión desde la cual nuestra imaginación tiende a establecer relaciones causales entre las imágenes. ¿Pero acaso esa concupiscencia con la que se deja llevar el ignorante no pertenece a las leyes de la naturaleza humana? Seguro que sí, y justo porque los errores llevan al ignorante a vivir casi inconscientes de sí mismos, habríamos de contrarrestar tal pasión cultivando la parte intelectual, como hace el sabio que difícilmente se deja perturbar el ánimo, sabio que en virtud de una necesidad eterna disfruta del ánimo alegre propio de quien se conoce a sí mismo con ideas adecuadas, individuo que se alegra de que la realidad se afirme porque esta está vista desde el punto de vista de la eternidad .
Esta afirmación, alegría del sabio debida al amor a Dios, es el bien supremo que podemos apetecer, ya que el alma se sabe por Dios potente, divina, y de ahí procede una alegría que consiste en la capacidad que posee el alma de, a la medida que se concibe a sí misma la realidad, se hace con el conocimiento de Dios. Si antes decíamos que a Spinoza solo le interesaban los modos finitos, ahora aparece Dios como fuente de la realidad llenando al hombre de gozo, de manera que este consigue enamorarse de la realidad y la existencia, a pesar de que esta aparezca en primera instancia como esquiva. Es en el eterno y constante amor para con Dios, en lo que consiste nuestra salvación y libertad, en el eterno y constante decir sí a la naturaleza. El humano del XXI niega o no a Dios. Quizás niega un Dios trascendente, y afirma a sus dioses ya secularizados, los que se muestra bajo muchas formas, como la del dinero.
• Afirmación de la metrópolis
Este dinero crea ciudades gigantes, y es intención de este trabajo no negar por tanto el gigantismo de la metrópolis en la que vive, el bosque de cemento en el que vive, el continuo flujo de automóviles que atraviesan la ciudad por sus largas autovías, la universidad a distancia que a través de internet es capaz de atravesar el océano casi a la velocidad de la luz. El mundo actual humano, el todo, para bien o para mal, solo puede ser fruto de la naturaleza humana que es al mismo tiempo divina, en cuanto afirma la realidad desde la posibilidad del conocimiento eterno. Porque la esencia de Dios es eterna, y con o sin fin alguno, se ha hecho metálica por un instante; la naturaleza es metálica en cuanto el entendimiento humana controla el metal, muda el paisaje primario orgánico del mundo por las construcciones metálicas, pero lo hace exclusivamente desde la forma de pensar de las matemáticas humanas, sobre todo, en la parte más geométrica con la que el pensamiento pueda entender el cosmos y con él a sí mismo.
Las edades de la especie han sido referidas de acuerdo con el metal, el bronce, la piedra. Más cercano a nuestra contemporaneidad, la búsqueda del origen humano recae en la superación de las características líticas a través de la cultura, aunque sin ningún tipo de desprendimiento del uso del metal por las nuevas culturas. Desde la arquitectura de tipo monumental que comienza con los estados pristinos, hasta la de las metrópolis de cemento y metal en las que nos movemos en el XXI, nada debiera ser hostil al leer a Spinoza e intentar afirmar la vida desde el amor intelectual que reconoce a cada cosa como expresión de la realidad originaria. Nosotros mismos, somos expresión de esa realidad divina, no pasamos por jerarquías, y esta parte divina y metálica, en nosotros debiera ser una capacidad de conocer la realidad, que al mismo tiempo evitaría que la potencia del alma se tenga que subordinar a las fluctuaciones de las afecciones.
La vida del XXI está llena de contacto, afecciones, directas o a través de diversos medios de comunicación que han multiplicado sus vías de accesos. Se decía arriba, que esa diversidad de cables por las que nos llegan las afecciones habían multiplicado la posibilidad de afectar y ser afectado en comparación con el siglo XVII. Pero eso no quiere decir que en el inicio de la modernidad no hubiera también afeccione originando, al fin y al cabo, los mismos afectos que se han dado en la historia de la humanidad ya arquitectónicamente monumental. Aun habiendo alguna variación entre parecidos afectos a través de la historia, o las historias, y las culturas, Spinoza mostró con su propia vida como luchar y vencer a la tiranía, se vistiera esta desde el absolutismo político, la religión dogmatica o el padecimiento de la cultura. Al tratar aquí de una ética, nos centramos más en el individuo que en la sociedad en sí, y dejamos la capacidad al individuo de transformarse a sí mismo y con él a su sociedad. Pero ello sin negar las afecciones con las que la sociedad puede llegar a determinar a sus individuos.
Pero la Ética deja de tener sentido si no se encara desde Dios, porque tal vez la cuestión es justamente llenarse de Dios en el esfuerzo por cultivar la parte divina del hombre. Es por eso que se parte de Dios, frente a los escolásticos que partían del mundo, y frente a Descartes, quien parte del sujeto. El método de Spinoza es el propio trabajo intelectual, la actividad ordenada de la propia inteligencia, que le ha hecho ser cada vez más y más reconocida con el paso del tiempo. Y esa inteligencia le ha convertido en una influencia positiva para quien procura una vida sana y feliz. No hay casi mejor ejemplo que Spinoza de cómo vivir entre los hombres de un modo libre; nosotros, situados a caballo entre la contemporaneidad y los primeros días de la modernidad, en un mundo que acababa de renacer, vemos como los conflictos llenan ambas épocas, como en realidad siempre ha sido el mundo, conflictos que no debían ser más para el filósofo que el juicio del individuo con el cada cual se encuentra.




2. La sociedad civil o el estado: la comunidad.
Se usan ahora los adjetivos caóticos e irracionales con vistas a referirnos a las relaciones entre los humanos, ya que ha sido de este modo como han predominado sobre el carácter de los hombres a través de su historia, o al menos esto es lo que pensaban autores realistas como Maquiavelo o Spinoza. Según ellos, los individuos juzgan lo que es bueno o es malo de acuerdo con sus afectos, por lo que decimos de una cosa que es buena porque la deseamos, frase que más de dos siglos después interpretara Nietzsche al rechazar la existencia de los fenómenos morales, porque no son más que “interpretaciones morales de los fenómenos”.
Con el justo control de esos deseos o pasiones que nos dominan, control ejercido por la razón, el hombre se libera. Si los hombres se guiaran por la razón, no haría falta la sociedad civil, o el estado. Hoy en día cabria discutir si Spinoza se refería al Estado o a la sociedad civil de la misma manera que posteriormente se comenzaba a marcar las diferencias entre ellos. John Locke (1632-1704), nacido el mismo año que Spinoza, es considerado el primer teórico de la sociedad civil moderna, aunque no empleara el término, en los días en que núcleos de actividad económica surgían al margen de la política estatal en Gran Bretaña y los Países Bajos. Aquí nace una visión de la sociedad civil como esfera diferente del Estado. Montesquieu hacía ver la importancia de los “cuerpos intermedios” en el régimen monárquico y Tocqueville, ya en el XIX, era consciente de la irreversibilidad de la democracia, a la vez del riesgo de un despotismo democrático legitimado por la voluntad popular. Entre estas y otras cuestiones la sociedad civil se auto-organizaba dentro del liberalismo como un complejo plural de iniciativas sociales con presencia lo mismo en el espacio privado que en el público. Saltando hasta nuestros días, la conciliación post Segunda Guerra Mundial entre los intereses capitalistas y los de los asalariados, integrados en la sociedad como consumidores, ha hecho que la frontera clásica entre Estado y sociedad civil se desdibuje. Solo con la crisis del Estado de bienestar se ha podido recuperar la sociedad civil como instrumento critico contra el Estado. El modelo económico liberal clásico, basado en el mercado y en la minimización del Estado, le critica a este su intervencionismo creciente, insistiendo en una “ingobernabilidad” que genera cada vez exigencias mayores que se convierten en sobrecarga para el Estado, situación que quiebra la autoridad pública si no es capaz de atender los compromisos hechos bajo presiones.
Grandes debates existen hoy en día en torno a la mejor forma de gobierno, que aquí no se pueden tratar ahora, por lo que, junto a ellos se deja abierta la cuestión de si Spinoza se refería a Estado o sociedad civil según nuestras acepciones, o si eran la misma cosa resumida en la idea de comunidad. Para el interés de este trabajo ni en uno ni en otro modo de convivencia el hombre ni se guía por la razón en sus actos, ni usa la razón para conocer el mundo y los demás humanos a través de ideas adecuadas. Ciudadanos que conozcan sus afecciones y afectos correspondientes podría haberlos tanto en el XVII como en el XXI, incluso aquellos que se tomen la licencia de decir “veo lo que es mejor y lo apruebo, pero sigo lo que es peor”; estos hombres se encontrarían lejos de ser un Dios para el hombre, pero para este comentario lo que, en definitiva interesa, es que en el deseo que surge del conocimiento verdadero del bien y del mal, los hombres son movidos más por la opinión que por la verdadera razón . Es por medio de la ayuda mutua que los hombres consiguen más fácilmente aquello que precisan, visto que es raro que los hombres vivan bajo la conducción de la razón. Parece como un mal menor el deseo de formar comunidad, ya que sin la ayuda de unos con otros difícilmente saldríamos de la miseria o cultivaríamos la razón. Por tanto, nada es más útil al hombre que el propio hombre, en función de que los hombres no pueden aspirar a nada más ventajoso que estar en concordancia con todo. Ahora, bien la misma sociedad civil, tal como la defienden los ultraconservadores del XXI, o bien el Estado, ya sea como se representa en la actualidad o como se teoriza que debiera de ser, la comunidad de los humanos a fin de cuentas, afecta exteriormente al individuo, luego el interés gira sobre el conocimiento que pueda adquirir el propio individuo, expuesto bajo cualquiera de las formas de comunidad en la que se encuentre. El ser humano siempre es afectado por las formas en las que se sociabiliza, formas abstractas al fin y al cabo, como puede ser el concepto de “nación” según el marciano de las historias de las naciones de Eric Hobsbawnn, o como lo era el estado o la sociedad civil en el XVII, cuando Spinoza, siguiendo la línea de Hobbes, estaba refiriéndose a la comunidad.












3. El conocimiento. ..
Spinoza divide en tres grados al conocimiento. El primero lo tacha de imaginativo, donde el error es ignorancia. En las ideas inadecuadas somos pasivos aunque estas no son falsas en sí mismas, sino parciales y confusas porque se forman en nosotros sin que conozcamos sus causas. Por tanto, se requerirá un método para pasar de las definiciones imaginativas inadecuadas a la definición intelectual, método cuyo origen se encuentra en la propia inteligencia reflexiva. Dice Jacinto Rosales parafraseando a Spinoza que el objetivo principal de la reflexión filosófica es la liberación del hombre de la servidumbre a la que nos somete el error y la ignorancia, a fin de alcanzar un bien verdadero. Desde La corrección del intelecto, se intenta que nuestro intelecto se conozca a sí mismo, diferenciándose de la imaginación, gracias a un camino reflexivo que sirve de vía para que el intelecto reflexione.
• La idea y la imagen.
La imagen no nos ofrece la propia cosa tal como es en sí misma y sí lo que juzgamos que ella sea por el efecto que produce en nosotros. La imagen es un acontecimiento subjetivo, indica lo que pasa en nosotros y no la naturaleza verdadera de la cosa externa. La idea, al contrario, aprehende la naturaleza intima o esencia de un ser porque conoce su causa y los nexos que la ligan necesariamente a otras ideas. La imagen depende de la acción externa de las cosas sobre nuestro cuerpo. La idea depende de la acción interna de nuestro propio intelecto.
Si la imaginación que opera con ideas inadecuadas es el primer genero del conocimiento, la razón es el segundo, desde donde según Rosales se escribe la Ética. Aquí la razón ya conoce las nociones comunes, las leyes necesarias, y juntamente con el tercer grado de conocimiento, la intuición intelectual, se alcanza las ideas adecuadas, la certeza intelectual, en contra de la mera opinión del vulgo. En las ideas adecuadas somos activos y se procura el conocimiento de esencias singulares con la ayuda de la matemática que opera con la construcción intelectual de sus objetos. Con las matemáticas se construyen los objetos intelectualmente de acuerdo con las causas internas que los definen tales como son, y esta construcción es gracias al intelecto, una fuerza innata de potencia pensante capaz de hallar la verdad, índex sui, intrínseca a la idea verdadera que no precisa de otro criterio de verdad sino presentarse a sí misma como conocimiento de la génesis necesaria de su objeto.
• La idea verdadera
El entendimiento, por tanto, posee una idea verdadera a modo de instrumento innato que le permite un modo de percepción más penetrante, para conocer la cosa por su sola esencia o por su causa más próxima. Esta idea innata sirve de norma para todo el conocimiento, luego, el entendimiento tiene la capacidad de conocer la certeza misma. La idea verdadera es index sui, lleva en sí misma la marca de su verdad. La relevancia del modelo matemático consiste en ponernos en presencia de una idea verdadera cuyo objeto dependa del poder de nuestro pensamiento. En la idea de esfera, yo invento una causa, y la esfera es engendrada por rotación. Desde este modelo de conocimiento, la razón percibe en acto la producción espontanea de ideas por su pensamiento, y ve como la verdad de esas ideas se impone al hecho que encierra en sí el conocimiento de su causa. El entendimiento produce las ideas de los seres reales al igual que la Geometría produce las ideas de los entes de la razón. Este paralelismo podría llevar a decir que el entendimiento es geométrico, y la construcción metálica de nuestros días y nuestro modelo de vida muestra ese orden. DSM trata al conocimiento no como un proceso unitario y trascendental, y sí más bien avanzando bajo la dependencia de instancias que lo condicionan, tanto desde dentro como desde fuera de sí mismo (Contraportada Teoría del conocimiento).
• Relación vertical y relación horizontal
El hombre es una afección de la sustancia, inmerso en la necesidad del despliegue de la realidad; el hombre es en parte activo y en parte pasivo, por lo que así serán también sus afectos. El alma es una idea, algo vivo y pensante, y el objeto primero del alma es nuestro cuerpo existente en acto. Luego, Autodeterminación de los modos finitos, vertical, acompañada por otra horizontal, la de los modos entre sí, “hetero-determinación” de los unos con los otros. La limitación de cada modo procede de otros modos finitos que lo afectan, de manera que los modos finitos de un atributo están relacionados entre sí. Esta doble fuente de necesidad, vertical y horizontal, se entiende como un juego de fuerzas, una nos lleva a la dependencia con respecto a los otros seres, y la otra hacia la libertad y acciones. Estos ámbitos se manifestaran a través de sus propios afectos .
El hombre es activo cuando está en una relación vertical, y es pasivo cuando la relación es horizontal. La primera es el mundo de las relaciones personales al que un ciudadano de una gran ciudad se puede someter, y la segunda son las relaciones interiores de este mismo individuo consigo mismo y los demás cuerpos. Las afecciones que experimente un cuerpo a causa de los otros cuerpos aparecerán también sin más como afectos del alma, sin causalidad, porque son dos perspectivas de la misma realidad .
• La proporción áurea
La realidad se nos presenta en forma metálica, desde la fascinación que supone entender la realidad con la matemática. Todo es expresión de una necesidad matemática, donde no hay finalidad. Los matemáticos que no versan sobre los fines han mostrado a los hombres otra norma de verdad, según la cual las causas finales son ficciones humanas. Por el determinismo, hasta la belleza es geométrica, como así es en la atracción que nos hace comportarnos ante las orquídeas como si estuviésemos delante de una obra de arte, véase una obra de Bach. Las relaciones geométricas que nos muestra la flor nos remite a lo bello, debido a una simetría bilateral, y sobre todo, a las razones áureas. De las infinitas formas para dividir un segmento en dos partes desiguales, la mejor forma es aquella en que la razón entre la parte mayor y la menor es igual a la razón entre el todo y la parte. Ante una flor, encontramos una belleza que resulta matemática. En el siglo XVI Lucas Pacioli consideró la razón aurea la forma más armoniosa y agradable en la que dividir un segmento. Leonardo da Vinci fue un escultor, pintor y arquitecto, entre otros, que uso mucho esa relación. Y remontándonos a los orígenes de occidente, el pitagorismo estaba representado por una estrella pentagonal que poseía características de esta proporción aurea entre los segmentos de las diagonales. Pitágoras había hecho escribir sobre cada una de las puntas del pentagrama las letras de la palabra “salud”. La salud del alma es el objetivo de la Ética de Spinoza. Extraño es que Spinoza no mencione al Pitagorismo, visto el interés more geométrico del primero. Este número áureo le falto a Spinoza a la hora de establecer las premisas sobre la naturaleza de los cuerpos. Desde la Estética, el racionalismo no pareció preocuparse mucho por la idea de lo bello. Pasaba por alto cualquier relación de belleza geométrica coincidente entre una flor, un cuadro, las formaciones de las galaxias o el cuerpo humano. La proporción áurea podría haberle servido de mucha ayuda a Spinoza de cara a justificar su determinismo universal, dado que Dios no opera por la libertad de la voluntad , o en su ataque al libre albedrio cartesiano.















4. Cuerpo-alma en Spinoza y en su época.
Otro asunto que llama la atención es que Spinoza no apostara firme por tratar de resolver su deuda con la dualidad cartesiana, máxime cuando él mismo se atrevió a considerar el alma y el cuerpo como una y la misma cosa, negando cualquier tipo de relación causal entre ellas. Spinoza trata el orden correcto de las cosas en busca de la verdad, la cual existe porque la naturaleza se expresa con el mismo orden en el atributo pensamiento que en los otros atributos. El orden de las ideas es el mismo que el orden de la realidad.
• Placer noético e identificación.
Con elegancia, rompe la dualidad alma y cuerpo con su propia vida al romper la dualidad entre naturaleza y libertad. En efecto, parece en Spinoza que no hay mayor placer para él, mayor inclinación adulzada con el placer noético que consiste en estar en el camino cierto de la verdad que nos hace libre. La verdad en el propio obrar que es su propia esencia; pero, a pesar de todo, Spinoza no se deshace de cierta diferencia entre el cuerpo y el alma a la hora de razonar su Ética.
Para Descartes la idea clara y distinta es Dios, y aún es un Dios cristiano, dado que él mismo era un creyente que se arrodillaba a rezarle a la Virgen María. Spinoza mantiene a Dios, pero puede ser llamado también de Naturaleza. Ni mecanicismo ni espiritualismo, la filosofía y vida de Spinoza sugiere, según Jacinto Rosales entre otros, comprender esa ruptura con la dualidad desde cierta ``identificación´´ ya que no le satisface el paralelismo para unir el alma y el cuerpo. Quizás el profesor supera cierto paralelismo psicofísico o interaccionismo para aproximarse más a una teoría de la identidad, la cual identifica los estados mentales con estados físicos del cerebro, por lo que tanto el alma como el cuerpo son dos estados que son el mismo suceso .
No parece la intención de Spinoza la de reducir el ser humano al epifenomenalismo que reduce la mente a un fenómeno accesorio que acompaña al cuerpo, en cuanto este es el fenómeno principal. En esta interpretación monista de la cuestión mente-cuerpo, la causación va del cuerpo a la mente pero no viceversa. El análisis entraba en la escena de la ciencia en un mundo que en poco tiempo ya se comenzaba a cuestionar el dualismo cartesiano; actualmente, autores como Popper o Bunge se oponen a la analítica escolástica que también era objeto de la crítica de Descartes. En estos autores si se que se puede vislumbrar un materialismo emergentista, que aun siendo monista, deja abierta o se preocupa por la relación entre la ciencia y la metafísica. En efecto, por una parte la realidad es una única realidad, y por otra, el materialismo científico de Bunge se concibe como una teoría ontológica exacta, pero dinamicista, emergentista y evolucionista. Bajo estas formas de ser la ciencia, esta se mantiene dentro de una forma heurística propia de la filosofía a la hora de acercarse al ser humano, ontología científica constituida por una serie de teorías interdisciplinares, como la de M. Bunge. Desde el antiplatonismo que el filósofo argentino propone surge un materialismo científico en donde las ideas son propiedad de las cosas. De esta forma, se entiende que B. Russell respondiera con un “no importa” cuando le preguntaban que era la materia. La identidad en, entre otros, en Spinoza o la filosofía analítica, no rechaza en bloque la problemática metafísica; por lo contrario, contribuye a aclarar problemas metafísicos esenciales proponiendo ontologías nada despreciables en la actualidad Ahora parece tener más sentido decir que Spinoza no es ni materialismo ni espiritualismo, y sí que se mueve en un intento de solucionar el dualismo cartesiano.
El alma y el cuerpo no están en una relación causal, o no podemos comprenderlo así, pero es una característica propia de su pensamiento (de Spinoza) la reducción de toda causalidad a la causalidad inmanente , algo que se puede concebir normal en el conocimiento causal de carácter modélico que todavía no ha sufrido la critica empirista de, entre otros, Hume. En Spinoza el conocimiento verdadero es el que da la razón de las causas para explicar los afectos. “El alma y el cuerpo son una y la misma cosa”, no hay una relación de causalidad del alma al cuerpo.
• “Quien aumenta su saber, aumenta su dolor”
El alma, sea con ideas claras y adecuadas, sea con ideas confusas e inadecuadas, se esfuerza por perseverar en su ser por una duración indefinida. Por el Escolio de la proposición 9 de la Parte 3, el esfuerzo simultaneo entre alma y cuerpo por perseverar se ha condensado en el apetito mismo de conocer y querer ser, por lo que dicho esfuerzo ha conseguido que su existencia racional haya acabado destruyendo la dualidad que existía entre ellos, eliminando al alma, tras el sometimiento de la voluntad de esta al deseo del cuerpo. El saber se concreta en lo material, transformándolo y dándole vida, pero ese mismo saber ya ha de ser deseo. El ser humano crea, y suele ocurrirle que sus creaciones acaban por someterle, porque en vez de querer seguir sabiendo y actuando, acaba arrodillándose ante las afecciones de sus propios objetos. Lo material se impone en la sociedad gracias al avance tecnológico, en un progreso mismo en sí, pero tambien mediante la fuerza de voluntad, ya confundida con el apetito, que sigue formando parte de lo cotidiano.
En el siglo XXI ¿ha desaparecido esa diferencia entre “alma” y “cuerpo”? Si pensamos que sí, como piensan muchos, hoy la “mente”, o el “alma”, es una y la misma cosa con el cuerpo, pero eso ya lo decía Spinoza en el escolio de la prop. 2, algo que quizás en el siglo XVII era un escándalo, pero que hoy se asume con aparente tranquilidad. No obstante, Spinoza aun considera a ambos modos como expresiones de los atributos de Dios, y ni el cuerpo determina la mente a pensar, ni la mente determina el cuerpo al movimiento o al reposo. El cerebro es un elemento más del cuerpo, y dentro de este cuerpo la contemporaneidad no tiene reparos en meter al alma, al espíritu, o a cualquier posibilidad de metafísica, máxime cuando el conocimiento del cerebro a niveles interdisciplinares confirma “que nada está menos bajo el poder de los hombres que su lengua”.
• Lo que puede un cuerpo.
Grande es el ejemplo dejado con su vida, ejemplo que ahonda la huella de la sustancia única y la entierra cada vez más en los genes de los humanos. Eso es, tal vez, lo que puede un cuerpo, transformar su propia naturaleza en su devenir. Esa transformación que cuando se da internamente, si es adecuada, verdadera, no tiene más remedio que acabar repercutiendo en el resto de los cuerpos. Así repercutieron los escritos de Spinoza entre los rabinos, llevando al cuerpo físico de Spinoza a ser expulsado de las sinagogas y maldecido; en contrapartida, este alejamiento de la comunidad judaica ya lo convierte en un disidente, disidencia que implica algunos rasgos parecidos a la que efectuó Jesucristo dentro del judaísmo.
Cuando dice que ``nadie determinó, hasta ahora, lo que puede un cuerpo´´, no puedo dejar de detenerme en el entrecomillado. ``Hasta ahora´´ parece indicar que Spinoza es consciente de que con la revolución copernicana ya en marcha y con el mecanicismo resultante del método de Descartes, el ser humano comenzaría una carrera imparable hacia el conocimiento de lo que puede un cuerpo. No se imaginaria Spinoza que tal carrera no pararía hasta que el conocimiento del cuerpo extinguiera al alma. Lo que sí que podría suponer era que el conocimiento de las funciones del cuerpo humano aumentase con el tiempo, y ciertamente que este conocimiento ha evolucionado mucho desde entonces, evolución que quizás desborda siempre al ser humano cuando se pregunta cómo será el mundo dentro de cien o doscientos años. Mas que pensar en una idea utópica en el pulidor de lentes, quizás, en forma de agradecimiento, fuera menester observar a Spinoza desde una posición realista, que recupera el apetito y la determinación del cuerpo en el día a día de las personas en general, no con la intención de imponer la supremacía del cuerpo (a través de un epifenomenalismo) frente al alma, sino para enfrentarse al imperio absoluto del alma que con un falso ``determinismo´´ esclavizaba al individuo a base de ideas inadecuadas. El caso es que desde la metafísica, o desde Dios, es de donde comienza todo, para que acabemos interesándonos por los problemas de los hombres. No queda más remedio que seguir rompiendo dualidades y juntar el pensamiento geométrico con las ciudades que construye.
• Naturaleza metálica. La posibilidad de la metafísica.
El bien supremo del alma es el conocimiento de Dios. Hoy en el XXI, si por alma entendemos mente, se observa como esta se convierte en un asunto físico y psíquico que con comodidad se aloja en el cuerpo, en el cerebro, y que pulula por el planeta Tierra, con una desconocida fecha de caducidad, entre las tinieblas de su propio conocimiento cuando este no se acompaña del conocimiento de Dios. Con la muerte del cuerpo, se muere la mente, se muere el alma. Hemos aunado lo que antaño estaba separado. Pero, ¿Con ello hemos delimitado definitivamente la metafísica?
Al olvidarse de las ideas, la razón sigue teniendo un uso y sigue usándose a sí misma, pero lo hace mas influenciada por lo exterior que por sí misma, se dedica a materializar el mundo, con una codicia por dominarlo que, por excesiva, apaga el punto de vista de la eternidad anteponiéndole el punto de vista de la finitud humana. Con esta pérdida de visión, la finalidad del mismo objeto dentro del orden de las cosas comienza a desvanecerse. Sin embargo, sin ambos puntos de vista el ser humano parece condenado a ser absorbido por su propia obra. Lo inorgánico creado por el hombre, en cuanto este olvida su idea, entra dentro de la naturaleza orgánica en cuanto es materia, es edificio, es cuadro, o es música. Pero solo desde la idea que la engendra y que llega a ser en su materialización, y se mantiene en la materialización, solo desde esa idea representativa y geométrica es que la naturaleza es metálica, perteneciendo a un orden profundo, quizás el de la razón en Kant, y su dialéctica trascendental, desde donde trata los temas que intentan responder si es posible o no la metafísica. Si a Kant le recriminaba Hegel que quería nadar sin meterse en el agua, a Spinoza se le podría achacar lo contrario, querer hablar de lo infinito porque se sitúa dentro del punto de vista de la eternidad. Kant quería poner orden, llegando hasta lo más profundo de la conciencia para acabar fundando para muchos el abismo entre la libertad y la naturaleza, acabando con cualquier posibilidad que tratar la metafísica como ciencia.
Un auto aviso siempre importante desde un posicionamiento en el siglo XXI: se agradece siempre estar alerta para saber distinguir doscientos años de diferencia entre las épocas, sobre todo, cuando una de ellas es nuestra contemporaneidad. Es importante contar con lo que las distintas disciplinas tienen a decir sobre el ser humano, aunque las ciencias no tengan la última palabra sobre este. La neurología descubre que al mismo tiempo que aumenta el tamaño del cerebro, se va fundando neurológicamente toda la complejidad del homo sapiens y de las complejas estructuras sociales que el mismo desarrolla, y este dato objetivo no podía ni aportar nada ni ser considerado en los siglos XVII y XVIII. Estas distinciones de la especie, que gracias al estudio interdisciplinar de muchas ciencias se ponen de manifiesto, no contarían inicialmente en la taxonomía de, por ejemplo, Linneo, quien se sitúa en una generación intermedia entre Spinoza y Kant. La neurología actual apunta a descubrir qué proteína y en qué condiciones es capaz de crear en el cerebro humano la cuestión de la totalidad, del Absoluto. Ante la distinción entre el alma y el cuerpo, un materialista acaba fácilmente con cualquier oposición entre los dos al tratar el alma como producto de un trabajo cerebral. Pero eso es una ilusión atea que se conforma con cualquier pretensión que justifique cualquier desinterés por la totalidad. Estas cuestiones, las de la metafísica tradicional, comenzaron un proceso de autodisolución, con las que se quedaron en desuso ya con el advenimiento de la modernidad, aunque solo a finales del siglo XIX se verán fuertemente abaladas tras las críticas de Kierkegaard, Marx y Nietzsche.

5. Capitalismo, un modo de relación.
Proposición 9. Parte 3 El alma, sea con ideas claras y distintas, sea con ideas confusas, se esfuerza por perseverar en su ser por una duración indefinida, y está consciente de su propio esfuerzo.
Demostración. P.9. La esencia del alma es constituida de ideas adecuadas e inadecuadas. El alma es consciente del esfuerzo que hace por perseverar en su ser, esfuerzo que en referencia al alma se llamara voluntad, mientras que si se refiere simultáneamente al alma y al cuerpo se llama apetito, la propia esencia del hombre, de cuya naturaleza se siguen aquellas cosas que sirven para su conservación, y a las cuales el hombre está determinado a realizar. Rosales advierte que este esfuerzo por permanecer en su ser no es la ley de la conservación, y en efecto, conservarse no es posible, y ese permanecer se ha de entender como una voluntad de potencia cada vez mayor. Ha aparecido el deseo, como conciencia de nuestro conatus, como esencia misma del hombre. Un deseo que es acción frustrada y a su vez conciencia.
• La perseverancia del capital, de su lógica formal y del trabajo.
Decía Spinoza en su Ética, (Prop. 8 parte 3) que el esfuerzo por el cual una cosa existe…continuará… a existir indefinidamente desde que no sea destruida por ninguna causa exterior. Intentaré conocer ahora esa cosa que existe en su totalidad y que se podría llamar ser, Dios, naturaleza, dinero…cualquier cosa que represente, en su forma conceptual o contextual, una totalidad. Como esta pregunta es, que sepamos, de los humanos, la naturaleza a la que hemos de dirigir las miradas es a la de los humanos; esta naturaleza humana quizás haya adquirido diferentes formas tan lejanas unas de otras en el mismo espacio y tiempo, pero no por ello habríamos de abstenernos de buscar en sus coincidencias la verdad en cuanto a en qué consiste precisamente el ser humano. ¿Existe alguna finalidad en el ser humano? ¿Y en el planeta tierra con la humanidad o sin ella? ¿Existe alguna finalidad en el universo?
Podría considerar a los humanos de los diferentes lugares del mundo a partir de los últimos diez mil años de existencia, cuando la especie comienza a dejar de ser forrajera; hubo una necesidad en ese momento, la cual transcurridos unos milenios dio origen a otras necesidades en el asentamiento basado en la domesticación de animales y plantas y más tarde a los poblados agrícolas. Hace unos 5500 años se desarrolló un tipo de sociedad única en los valles del Eufrates y del Tigris (actual Irak). Del parentesco se pasaba a una burocracia que exigía lealtades por encima del linaje y el clan. Uruk y Ur eran ciudades fortificadas con poblaciones de más de 40000 “ciudadanos”, en las cuales los jefes locales cedían autoridad ante una clase dirigente que acumulaba el excedente agrícola y movilizaba la mano de obra necesaria para llevar a cabo obras de irrigación a gran escala y crear una arquitectura de tipo monumental : “el “estado” había nacido”.
Dejando de lado las teorías evolucionistas sobre el estado, sean de conflictos internos o externos, hidráulicas o de presiones demográficas, la cuestión precisa es la de dónde y cuándo situar a la voluntad y al apetito de los hombres entre los hombres como inicio de lo que podría ser nuestra génesis. Es por rebuscar en la infancia que me bastaba situarme en alguna de las civilizaciones que ya poseyera algunos rasgos comunes con otras, a la vez que los habitantes de unos de esos estados pristinos compartían rasgos con los de otros estados sin aparente intercambio cultural. Ahora, desde el efecto, se repara en que el estado y el resultado de la actividad económica han ido siempre de la mano. Pero enfrentarse al capital conlleva enfrentarse a su lógica formal. Si afirmo que el modelo de vida que mueve el mundo está basado en un movimiento circular que comienza por el capital, pasa por la producción y acaba en el consumo antes de volver al capital, he de reconocer que esto bien no podría ser una evidencia racional. Para construir un argumento válido debería de comenzar por una serie de axiomas, o proposiciones que se demuestran por si solas, al tipo de cómo lo ha hecho Spinoza en su Ética, basada a su vez en Euclides. ¿Serviría tal ética económica para entender la elección racional, obviamente por parte de humanos, de los medios en relación con los fines? La respuesta debiera ser afirmativa, y preparar una argumentación basada en axiomas y proposiciones a priori, con las que enfrentarse, por ejemplo, a la escuela austroliberal de ciertos anarco-capitalistas. Es debatir en el terreno de ellos, el del análisis de los conceptos que reduce el habla al máximo control; ya que los individuos están llenos de prejuicios, el razonamiento habría de ser estrictamente formal, la lógica del lenguaje no aceptaría nada que no sea un enunciado a priori como base. Si afirmo que el capitalismo ha vencido, me enfrento a otro enunciado que sale exclusivamente de mi opinión. Esta sentencia no es clara y distinta por sí sola, aun pareciendo muy obvio que vivimos en una sociedad a la cual con naturalidad se la califica de “capitalista”. No obstante, y sin contar con la lógica formal, todos estos planteamientos ya podían estar equivocados, si no se considera la propia influencia que el individuo ejerce sobre los mismo y sobre su medio a la hora de crear el capitalismo. El conjunto de los individuos es el que hace el mundo capitalista, y por lo tanto no se puede otorgar la responsabilidad del capitalismo a otro que no sea el propio individuo. Y responsabilizar en este contexto significa conocer la causa, pues no existe ninguna intención de culpabilizar, y si más bien de mostrar lo que afecta el vivir en condiciones capitalistas. En Spinoza, esto debiera ser tan afirmado, como el socialismo, o el comunismo. Spinoza se pronuncio en contra del anarquismo, pero hoy en día, las formas han de ser afirmadas en su pluralidad de ideas. Paradojas de la vida, aquella sociedad civil o Estado que se formaba en Inglaterra y Los países bajos, hija del pensamiento liberal que nacía en el seiscientos, estaba basándose en el más puro anarquismo desde que uno de sus pilares, Adam Smith, dejara al azar de una mano invisible el control de los mercados.
Si conociendo racionalmente el porqué de mi comportamiento y el de mis contemporáneos llego a la conclusión de que sus actos son completamente manipulados, no tendría más remedio que afirmar que vivimos en un estado de servidumbre. Si miro alrededor, y veo a los hombres en el trabajo, si es cierto que la servidumbre es palpable consecuencia cotidiana del mundo que impone el capital, pero a pesar de dicha imposición, muchos individuos pueden o podrían salir de él si no están del todo contentos. Otros, quizás muchos, son consciente de la servidumbre a la que se someten, pero no tienen más remedio que mirar hacia otro lado y aceptar la realidad que les ha tocado vivir. Otros reclaman de sus trabajos, algunos son felices con sus trabajos, y otros salen a las calles a manifestarse porque no los tienen.

• El dinero líquido
Nos educamos para que estudiemos y encontremos un buen trabajo con el que ganar un buen dinero. Estas sí que a grandes rasgos podrían ser las bases de la sociedad moderna a través de la célula básica que es la familia. Es cierto que siento las pasiones como mis contemporáneos, en un mundo compartido repleto de afecciones que llegan hoy en día hasta la intimidad de las casas, mediante las múltiples vías de acceso que las pasiones encuentran de cara a afectarnos. Por otro lado, no sería justo intentar comprender las pasiones de los demás si no es en tanto son las mismas pasiones a las que yo me someto. De entre ellas, el dinero parece ser un objeto que en el XXI va a afectar a la mayoría de los seres humanos de un mundo ya global. El dinero nos va a crear un afecto, y va a ordenar nuestros actos y nuestras palabras con respecto a la acción o a la pasión que se origine de las ideas que se adopten frente al mismo dinero, el poderoso caballero.
El sistema capitalista seguro que es uno de los determinantes del hombre. Esta determinación aumenta cuando el propio hombre se olvida de que por medio de si mismo también es posible la determinación que se conduce con el control de las pasiones, cuando estas son afectos más activos, luego provenientes de la alegría de las ideas adecuadas. Parece en el XXI, que en la mayoría de los casos los hombres que viven en la gran ciudad lo hacen bajo el signo de la esclavitud. No hay mejor esclavo para el opresor que aquel que se cree libre, tanto el hombre que trabaja por un dólar diario cosiendo pantalones como el que gana diez mil euros por mes en un centro financiero se ve abocado a desear lo que todos desean, a desear lo que cierto control ideológico pretende que desee. Este control se basa en que los hombres busquen el dinero como origen de la salud, algo que se asume con naturalidad por el hombre cuando lo usa y se mueve en torno al que otrora fuera representado por el metal. En realidad, no podía ser representado de otra manera, aunque ahora el dinero se haya vuelto líquido y la quiebra de la representación también haya llegado hasta la moneda que deja de tener el valor representado cuando se expone a perder dicho valor de la noche a la mañana. La salud del alma se ha trocado por la del dinero, y con ese cambio imponemos la intervención ante la prevención.

• La lógica del capital y el movimiento finito
Decir que el ser humano del XXI no tiene más remedio que ser capitalista, comprende que la manera de comportarse de estos individuos gira en torno al mismo modelo capitalista que ordena las ciudades. Sea en la posesión del capital, en la fuerza de trabajo de la producción, o en el consumo del ocio y del tiempo libre, los ciudadanos no consiguen ver cómo es posible salir de tal espiral que se impone globalmente, con la monstruosidad con la que solo los objetos fabricados o creados por el ser humano suelen hacerlo cuando irrumpen en lo cotidiano de los humanos. Atrapados por las propias estructuras que, sea inconscientemente, sea como fruto de ideas inadecuadas movidas por la imaginación, el hombre crea, este se siente enjaulado en la solidez de las ciudades y sus rascacielos, absorbiéndole en muchos casos la facultad de pensar por sí mismo, la posibilidad de alcanzar la mayoría de edad que les llevara a ser capaz de actuar libremente por sí solo y junto a los demás.
Es lo que somos, hemos sido causados por otros movimientos finitos, y estos a su vez por otros finitos,...hemos formado un orden, a partir de la finitud que procede de nuestra finitud, quizás de forma paralela, como un paralelismo excepcional sin encuentro, sin unión de alma y cuerpo, que es el hombre, puesto que en el hombre, el orden y la conexión de las cosas es el mismo que el orden y la conexión de las ideas. Un paralelismo sin encuentro pero que es ya en si mismo encuentro , con el que nos movemos, con nuestro manera de construir el mundo tanto con ideas adecuadas como inadecuadas, actuando y padeciendo... El capitalismo es el más claro ejemplo de la ausencia de finalidad y trascendencia de los encuentros que se dan entre los humanos, llenos de pensamientos confusos, donde los hombres sueñan con los ojos abiertos al creer que son libres como el bebé que acredita apetecer, libremente, la leche.














 Las ridículas relaciones interpersonales.
Se ha escuchado alguna vez que el mejor negocio que el ser humano puede realizar es venderse por lo que dice que vale, y después comprarse por lo que realmente vale. El hombre suele estimarse más de lo que debe, y con ello también lo que posee, por lo que se causa un afecto de soberbia o sobrestimación hacia sí mismo y hacia la valía del otro amado o al menosprecio del otro odiado. Los afectos interpersonales surgen con el semejante espontáneamente, y el amante se alegra o se entristece si la cosa amada se alegra o se entristece por su causa.
Eduardo ya había escuchado de amigas comunes lo mucho que a Elena le gustaba él. Cada vez que una de estas le decía cualquier cosa sobre Elena, la felicidad más inmediata le invadía el corazón. Hacía tiempo que ni amaba a una mujer, ni era amado por ninguna. El simple hecho de ser objeto de deseo ya suplía esta carencia de amor, engordándole el ego, quizás, de una forma contraproducente. La chica recién llegada de Barcelona había sufrido abusos, siendo objeto de violencia e incluso de amenazas de muerte por parte de su antigua pareja. En la situación desesperada, se vio forzada a comprar un billete de tren que le llevara lejos de la ciudad condal, con el fin de dejar toda la vida atrás, sin volver en el camino sin retorno ni un solo instante la cabeza para mirar a la vida pasada por última vez. Ya era. Como si la memoria pudiera borrarse y todos los recuerdos pasados no la pudieran volver a molestar. También sería posible, que la idea de salvación que asociara al peligro cuando de él se libró, la haya vuelto un poco más segura y alegre, puesto que, en el líquido siglo de las fluctuaciones de ánimo, así que se bajó del tren en Murcia y se encontró con Eduardo, nació de un flechazo un nuevo amor en el interior de la joven mujer maltratada. La vida solo se le abría hacia delante con la presencia del joven atractivo, amable y siempre sonriente. De hecho, en la última visita que Elena hizo a su hermana hace más de un año, ella con su ex se juntaron a los nuevos amigos de su hermana, en una noche fresca de cervezas alrededor de las mesas de una terraza. En un momento que se suponía de relajación, su ex novio le recriminó el porqué de la mirada fija hacia Eduardo. Ahora Elena se acababa de apasionar tan rápido que sus esfuerzos se volvían a que Eduardo también la amara a ella. Elena quería afectar de alegría a Eduardo, ardía de deseo de que Eduardo la correspondiese.
Elena estaba segura de que a Eduardo también le gustaba ella. Se veía en sus ojos, y Eduardo era un chico tímido, bien querido en la vecindad, que fingía entereza ante su presencia, propio del que se empavona ante las muchachas guapas. Pero pasaban los días, y Eduardo no iba más allá de las sonrisas breves. En los encuentros fortuitos por el barrio, Eduardo no la invitaba a nada, no salía prácticamente del saludo más correcto, siempre parecía apresurado cuando se encontraba con ella, por lo que se esfumaba con mucha rapidez. Pasaban las semanas y Elena, para su tristeza, veía como Eduardo no se esforzaba por corresponderle el amor que ella ya le había revelado a través de los amigos comunes, en un atrevimiento hecho vox populi que supera las vergüenzas con tal de afectar al amado con su entrega. Pero, ¿Por qué Eduardo parecía actuar contra su deseo? Quizás Eduardo quería hacerle crecer su amor por él hasta el infinito, creyendo que era siempre preferible que el deseo siguiese alimentándose antes de que sea conquistado y acabe en hastío. Elena podía sentir el temor de Eduardo, quien quiere lo que no quiere para evitar un mal mayor, quien hace una cosa mala para el mismo para evitar otra peor, como fue el caso de Seneca al abrirse las venas para evitar, por medio de un mal menor, un mal mayor (P.20, P4). En el ánimo de Elena, tras varios meses de espera, no solo había decaído la alegría, sino que la tristeza se alargaba con la ausencia de aquello que amaba, ausencia ya convertida en saudade que se asomaba a las puertas de la depresión.
Y mientras el mundo de Elena se desmoronaba, el afecto que Elena le había producido con su declaración de amor a Eduardo seguía inflándole soberbiamente hasta la estupidez. Eduardo, cuerpo afectado, se sentía cruel por momentos, aunque era consciente de que solo amaba a Elena, no existía odio posible hacia ella. Eduardo no se había esforzado por tratar a Elena con la delicadeza suficiente como para cuidarse de no afectarla de tristeza. Él era causa de pasiones o acciones, pero en la realidad no había tratado de agradar a la persona amada porque ni siquiera la había tratado de ninguna manera. Sus apariciones siempre eran esporádicas y escurridizas, y el modo de relación apenas si se daba. Eduardo no se consideraba por eso descortés. Solo creía que Elena se había enamorado de una imagen momentánea que él mismo expresaba cuando tenía el “guapo subido”, y en realidad el miedo y la certeza de Eduardo era que esta imagen rápido se evaporaría con el trato con la amada. Tarde o temprano, y más bien lo segundo, el yo feo, el autodestructivo, el que infelizmente acababan siempre sufriendo los seres más querido, acabaría apareciendo. Este yo de Eduardo, mostraba siempre tras pocas conversaciones y cruces de miradas reales un afecto interno de tristeza ante la vida, sobre todo desde que la angustia y la pérdida de Dios se había apoderado de él, allá en la adolescencia tardía...